Por Qué Nos Cuesta Tanto Hacer lo Bueno

Por qué nos cuesta tanto hacer lo bueno (FotoFoter)
Todos tenemos la capacidad de hacer lo bueno, pero nuestra habilidad para hacerlo falla. Descubre por qué nos cuesta tanto hacer lo bueno.
Somos el diseño perfecto de Dios, el Dios de la bondad por excelencia y por lo tanto, todos los seres humanos tenemos la capacidad para hacer el bien y sin embargo no lo hacemos. ¿Por qué? ¿Por qué si tenemos la semilla de la bondad en nuestro interior nos cuesta tanto hacer lo bueno?
Es simple. Aunque todos tenemos la capacidad innata de hacer lo bueno, nuestra habilidad para lograrlo falla. El mismo apóstol Pablo lo expresa en el libro de Romanos 7:15-20,
“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.”
Por Qué Nos Cuesta Tanto Hacer lo Bueno
Este juego de palabras expresa muy claramente nuestra condición humana débil y pecaminosa que nos lleva a hacer lo malo aun cuando sabemos y entendemos que no debemos hacerlo, porque aunque todos tenemos la capacidad de hacer lo bueno, es nuestra habilidad para efectuarlo la que nos falla una y otra vez.
Veamos un ejemplo que puede aclarar cuál es la diferencia entre la capacidad y la habilidad: Un bombillo eléctrico desconectado de su fuente de poder, aunque puede retener la capacidad de brillar, es incapaz de producir la luz que debería, porque perdió la habilidad para lograrlo. Su capacidad de iluminar sigue vigente pero inactiva, y seguirá inactiva hasta que vuelva a ser conectada a dicha fuente.
Con el hombre sucede algo semejante cuando nos separamos de Dios. Todos tenemos la capacidad de hacer lo bueno pero al estar separados de nuestra fuente de poder, el Dios de la bondad suprema, carecemos de la habilidad para efectuarlo y esa habilidad al depender de nosotros mismos, falla una y otra vez aunque somos bien conscientes y estemos dispuestos a no querer hacerlo.
Desarrollando la habilidad de hacer lo bueno
Todos tenemos la capacidad innata de hacer lo bueno y solo tenemos que desarrollar la habilidad para lograrlo, reconectándonos a nuestra fuente de poder que es Dios. Jesucristo vino al mundo no solamente para salvarnos, sino para darnos a conocer al Padre y para enseñarnos con su ejemplo a mantener una estrecha relación con Dios.
Jesucristo llevó una vida perfecta y sin tacha a su paso por el mundo, pero no lo hizo porque fuera Dios, sino por la completa dependencia que tenía con el Padre, algo que siempre afirmaba:
“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”, Juan 5:19.
“Porque no busco mi voluntad sino la voluntad del que me envió, la del Padre”, Juan 5:30.
Su dependencia del Padre era completa y lo demostraba siempre a través de sus actos. Jesucristo oraba, ayunaba y leía las Escrituras y por eso fue llamado por Dios el varón perfecto, y era perfecto porque siempre permanecía conectado a la fuente de poder que es Dios.
La Palabra dice que debemos ser imitadores de Cristo y debemos hacerlo si queremos aprender a desarrollar la habilidad de hacer lo bueno.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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