El diseño perfecto de Dios

El diseño perfecto de Dios
Como humanos somos la obra maestra de la Creación y juntos conformamos el diseño perfecto de Dios.
Dios creó al hombre como su máxima obra dentro de un diseño perfecto para que dominara sobre el resto de la Creación y para vivir en sociedad, porque como dijo Dios después de crear al primer hombre, Adán: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea”, (Génesis 2:18), y entonces creó a la mujer. De esta manera ambos fueron el primer núcleo social de la humanidad.
Es por eso que la naturaleza del hombre es ser sociable, de interactuar con otros, de ser solidario; su esencia primera es la de ayudar y servir, porque es la misma esencia de Cristo, según el diseño perfecto de Dios.
Somos parte vital de una enorme comunidad, en la que estamos relacionados y unidos por diferentes lazos que hacen que de algún modo, todos estemos ligados de manera directa o indirecta. Somos parte activa de un perfecto engranaje para conformar una sana sociedad. Y como parte de ese engranaje, todos dentro del plan perfecto de Dios nos pertenecemos y nos necesitamos mutuamente por esencia.
Sin embargo, la maldad y el pecado que entraron al mundo distorsionaron este diseño y comenzamos a actuar de manera independiente y egoísta olvidándonos de Dios, lo que hizo que poco a poco, el tejido se fuera rompiendo y la sociedad destruyendo.
Jesucristo restaura el diseño perfecto de Dios
Pero Jesucristo con su venida nos da la opción de que retomemos ese diseño, dándole la prioridad a Dios en nuestra vida, para redirigir nuestro camino y retomar el propósito divino. Es por eso que al rendirnos a Jesucristo las piezas comienzan a encajar de nuevo y cada uno de nosotros se convierte en un elemento clave que va enganchando al resto de las piezas del rompecabezas para ir de nuevo conformando el diseño perfecto de Dios, en el perfecto amor de Jesucristo y su santo sacrificio.
Jesucristo es el camino al Padre y los cristianos comprometidos, somos el camino a Jesucristo porque conformamos el cuerpo de Cristo y es nuestro deber ir anexando todas las piezas que faltan para completar el diseño perfecto de Dios, mediante el Espíritu Santo que mora en nosotros.
La misión de Jesucristo fue precisamente la de restaurar ese diseño. Jesucristo es la verdad y nosotros quienes ya lo conocemos y creemos en él tenemos la verdad y dicha verdad debe fluir a través de nosotros, por medio del Espíritu Santo hacia el mundo. Es el propósito de Dios que seamos parte activa del rescate de millones y millones de piezas que se encuentran aún extraviadas en medio de la contaminación del mundo y deben encajar nuevamente en el perfecto plan de Dios.
Nuestra misión en Jesucristo es llevar el mensaje de la cruz y su plan redentor a toda criatura, para que le conozcan y también en él crean, porque lo que por gracia hemos recibido por gracia también habremos de dar, (Mateo 10:8). Debemos ser multiplicadores del evangelio, no podemos detener su anuncio, puesto que hoy tenemos el poder del Espíritu Santo, debemos ganar el mundo para Cristo, en primera instancia a través de nuestra santidad para dar testimonio vivo de lo que el Señor hizo en nosotros.
Jesucristo dijo: “Id por todo el mundo y llevad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15, Mateo 28:19). Exhortar al mundo al arrepentimiento y el perdón de pecados (Lucas 24:47), es un mandato del Señor porque más tarde en el Cielo, él nos pedirá cuentas de lo que hicimos después de haber conocido la verdad. Así pues nuestra misión dentro del plan de Dios es mostrarle al mundo la preciosa verdad de Jesucristo, para que todos puedan también alcanzar la Vida Eterna.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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