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El sufrimiento de Jesús en la cruz

El sufrimiento de Jesús

El sufrimiento de Jesús

El sufrimiento de Jesus en la cruz  fue tan grande que en un momento sintió miedo de afrontarlo, pero lo hizo por amor a nosotros. Explicaremos en qué consistió.
A lo largo de la historia se nos ha dicho que Jesús fue crucificado y murió por nosotros. Pero te has preguntado alguna vez en qué consistió el verdadero sufrimiento de Jesús? A continuación describiremos todo lo que Cristo padeció por amor a nosotros.
Primero que todo, Jesucristo fue condenado a muerte, aunque todos sabían que era inocente, pero además fue azotado, le arrancaron la barba, le hicieron cargar su propia cruz, le quitaron la ropa, le pusieron una corona de espinas y finalmente lo crucificaron, solo por mencionar algunas de las tantas atrocidades que le tocó sufrir.
El sufrimiento de Jesús en la cruz
A continuación veremos solo algunos de los sufrimientos de Jesús en la cruz, por amor a todos nosotros:
  • Fue azotado.  Los azotes estaban conformados por varias correas de cuero trenzado, cuyos extremos terminaban en unas bolas pequeñas de plomo con trozos agudos de hueso o dientes afilados de animales. Para azotarlo le quitaron la ropa y lo amarraron a un poste. Los azotes le caían sobre la espalda, el torso, los glúteos y las piernas. Con cada latigazo las bolas de plomo generaban contusiones y los afilados dientes laceraban la piel dañando los tejidos subcutáneos. Con cada latigazo los cortes se hacían más profundos, arrancando la piel en pedazos y produciendo un desangramiento continuo.
  • Le arrancaron la barba. La barba para los judíos es un símbolo de dignidad masculina y no tenerla es una señal de humillación, de tal manera que este acto no solo fue humillante sino también terriblemente doloroso.
  • Le pusieron una corona de espinas. Se dice que esta corona era formada por un entretejido de largas espinas y se cree que tenía forma de casco, de tal manera que le cubría toda la cabeza hasta la nuca.
  • Debía cargar su propia cruz. Después de ser azotado, Jesucristo desnudo, adolorido, con toda su piel destrozada y sangrante debió cargar la cruz en la cual habría de ser crucificado, que tenía un peso aproximado de 156 kilos hasta el sitio destinado para su crucifixión.
  • La crucifixión.  En aquella época los reos eran amarrados o clavados a la cruz. Sin embargo, parece ser que los romanos preferían clavarlos, según un descubrimiento hecho por arqueólogos, que encontraron un cuerpo crucificado en un osario cerca de Jerusalén y que data de la época de Jesús. Según ese descubrimiento se pudo comprobar que los clavos eran de pedazos de hierro afilado que medían aproximadamente 18 centímetros de largo y 2.5 centímetros de diámetro. Una vez colgado, los brazos estirados soportando el peso del cuerpo se dislocaban irremediablemente y el exceso de sangre acumulada en el corazón, obstruía completamente la circulación.
Además, la fiebre producida por los traumas, el dolor por las laceraciones, las infecciones de las mismas y el agotamiento, terminaban por matar a la víctima. En el Salmo 22:14-15 dice lo siguiente: “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte”.
Pero el peor de todos los sufrimientos para Cristo fue la dolorosa pero necesaria separación del Padre antes de su muerte, como lo expresó Jesús desesperadamente, según Mateo 27:46.
El sufrimiento de Jesús en la cruz era totalmente innecesario porque Él es Dios, sin embargo, Él quiso asumirlo haciéndose hombre, muriendo por todos nosotros y resucitando para salvarnos y darnos la Vida Eterna.
Pero para que ese sacrificio no quede en vano para nosotros, debemos reconocerlo como nuestro Señor y someternos completamente a su Voluntad. En Juan 3: 36 dice: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él«.
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Esta entrada fue publicada en septiembre 3, 2014 por en Conociendo a Dios y etiquetada con , .
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