Los verdaderos frutos de arrepentimiento

Los verdaderos frutos de arrepentimiento (Foto morguefile)
Los frutos de arrepentimiento son el resultado de sentirnos avergonzados con Dios por nuestro pecado y estar dispuestos a dejarlo atrás.
El hombre que anda en el mundo, como todos lo hemos estado, antes de conocer a Cristo, vive en rebelión contra la soberanía y la Voluntad de Dios, actuando de manera independiente y sin tenerlo en cuenta para nada a Él.
Esto trae como consecuencia, una vida desordenada y notablemente marcada por el vicio y el pecado, porque como dice la Palabra, «no hay nadie bueno, ni uno solo», Romanos 3:10.
Gracias a eso, Jesucristo viene a la tierra para salvarnos, y a través de su sacrificio en la cruz, todos podemos ser redimidos de «la muerte, que es la paga del pecado», Romanos 6:23. Sin embargo, para poder recibir tan preciado regalo, debemos primero arrepentirnos y confesar nuestro pecado ante Dios quien es el ofendido, y estar dispuestos a dejarlo atrás.
Jesucristo mismo lo dijo al comenzar su ministerio: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado», Mateo 4:17. Así pues el arrepentimiento no es una opción sino una obligación, un requerimiento necesario, si de verdad queremos entrar al Reino de Dios.
Los verdaderos frutos de arrepentimiento
Los verdaderos frutos de arrepentimiento, son los que demuestran nuestra firme intención de cambiar, alejándonos del pecado y acercándonos a Dios. Un arrepentimiento sincero y genuino, siempre dará buenos frutos, y es la prueba fehaciente de que Jesucristo es desde ese momento el dueño y Señor de nuestra vida, porque hemos comprendido el significado de ser salvos.
En el evangelio de Mateo 3:8 dice lo siguiente: «Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento». Esto significa, que nuestra conducta, debe demostrar que en verdad nos sentimos avergonzados por haber ofendido a Dios y que ante su perdón, lo menos que podemos hacer es cambiar de vida para honrarlo, y evitar por supuesto volver a pecar.
Ese proceso de cambio, se llama santificación y consiste en dedicar nuestra vida a Dios y aunque es un proceso algo difícil, es posible lograrlo con la ayuda y comunión del Espíritu Santo, quien desde entonces, entra a morar en nuestra vida para siempre, además de la lectura constante de la Palabra de Dios.
La santificación no significa perfección pues esa solo le pertenece a Dios y la tendremos también nosotros cuando Jesucristo venga nuevamente. La santificación es un proceso en el cual los creyentes comienzan a llevar una vida santa, es decir, basada en principios que Dios estableció en su Palabra, porque si Jesucristo es nuestro dueño y Señor debemos obedecerlo en adelante. Mientras que la perfección no ocurrirá sino hasta que estemos en el cielo, la santificación es el proceso que nos mueve hacia esa meta.
Recordemos que Jesucristo dijo en Juan 14:15: «Si me amáis seguid mis mandamientos», y al seguir sus mandamientos, necesariamente nos alejamos del pecado, produciendo buenos frutos. Es por eso que el pecado y la Ley van de la mano, puesto que el pecado es la transgresión de la Ley, y al cumplir la Ley nos alejamos del pecado, porque como dijo Jesús en Mateo 5:19: «Todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado al fuego». Así pues es nuestro deber producir buenos frutos, verdaderos frutos de arrepentimiento, para testificarle al mundo que somos cristianos de verdad.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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