Qué significa ser santos

Qué significa ser santos (Foto Morguefila)
Ser santos no implica que seamos perfectos, pues perfecto es solo Dios. Ser santos significa, dedicarle nuestra vida a Dios. Ser santos, significa estar en armonía con la ley de Dios.
Santificar significa apartar, dedicar, purificar, separar. Cuando decidimos seguir a Cristo, esto implica que debemos dedicarle nuestra vida y consagrarnos a él, porque es lo que Dios espera de nosotros.
La santidad es un proceso que comienza al aceptar a Jesucristo y recibir la salvación y que se hace posible a lo largo de nuestra vida con la ayuda del Espíritu Santo quien entra a habitar en nosotros al momento de ser salvos. Se trata de ir haciendo cada día pequeños avances y poco a poco ir cambiando nuestros malos hábitos por cosas que agraden a Dios, porque la santidad es un camino que comienza al recibir la salvación.
Qué es la santidad
Santidad es un proceso, es tomarse de la mano de Dios, que aunque no nos garantiza no tropezar, sí nos asegura no caer si vamos aferrados de la mano de Jesús en nuestro diario caminar. Es tener a Jesús como el norte determinante y radical en nuestra vida, como el único camino real y verdadero que hay que seguir porque finalmente, El es el único que nos llevará a la victoria a nuestro paso por el mundo, y a la Vida Eterna después de la muerte.
Ser santos no significa ser perfectos
Santidad no es pues la perfección absoluta y sin tacha, porque esa solo le pertenece a Dios, sino que es aquella condición que nos surge del estar en la constante relación con Dios en oración y la lectura de su Palabra, y tiene que ver con enfocar nuestra vida en Jesús y sus incorruptibles principios, porque dice la Biblia que sin santidad nadie verá a Dios
Santidad es tener la humildad de reconocer cada día nuestras debilidades humanas, para pedir a Dios nos dé las fuerzas para vencerlas, «limpiándonos a diario de toda contaminación en la carne y perfeccionando nuestra santidad en el temor de Dios» (2 Corintios 7:1).
Es una constante renovación de nuestro ser en el Espíritu, que nos produce una infinita paz y un constante gozo. Es ser purificados a diario por el Espíritu Santo. Es por eso que cada día en nuestro encuentro íntimo con Dios debemos ponernos a cuentas con él, confesando todos aquellos pecados o pecadillos que hayamos cometido durante el día y pidiéndole al Espíritu Santo que su poder santificador obre en nosotros para cambiar, mejorar y aun evitar aquellas conductas que ofenden a Dios y que nos cuesta dejar por nuestras propias fuerzas.
La santificación es un proceso difícil y un verdadero reto, pero al nacer de Dios y recibir al Espíritu Santo, el proceso se hace fácil siempre y cuando dejemos actuar a Dios en nosotros y pongamos de nuestra parte trabajando también en ello, porque para lograr buenos resultados debe ser una tarea conjunta entre el Espíritu Santo y nosotros. Se trata de permitir a Dios que nos moldee, como lo hace el alfarero a su obra, porque solo Él puede transformarnos.
Sin el Espíritu Santo es imposible ser santos, porque los seres humanos somos carnales y débiles. En Romanos 8:5-9 dice: Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne, pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu y el ocuparse de la carne es muerte, mientras que el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Los designios de la carne son enemistad contra Dios porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden, y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios, de tal manera que si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Es imposible ser santos sin la ayuda del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo el único que puede cambiar en nosotros esa naturaleza pecaminosa, porque como dice el versículo, «el que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Él». Así pues la obra del Espíritu Santo es precisamente santificarnos, y la santificación viene como resultado de que Cristo mora en nosotros, llevándonos a una vida de obediencia. Si nosotros permitimos que Cristo rija nuestra existencia, vamos a llevar una vida santa que honre y glorifique a Dios.
Aunque no llegaremos a ser santos ni perfectos aquí en la tierra, lo importante es caminar en el proceso y ser cada día un poco mejor que el anterior, en aras de la santificación que el Señor espera y quiere de nosotros.
En conclusión la santidad no es un estado que se adquiera al reconocer a Jesucristo como nuestro Salvador, sino un camino que desde ese momento, comienza a construirse día a día bajo la dirección y guía del Espíritu Santo, pero que solo termina, con la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, porque solo el Espíritu Santo nos puede ayudar a alcanzar la victoria sobre el pecado.
Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar la Palabra de Dios a todo rincón. Gracias.

Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
Versión Kindle $4.99 para bajar directamente a tu celular, tu tableta o tu computador, desde cualquier parte del mundo. O versión en papel, $ 6.99 para México y Estados Unidos
Comentarios recientes