La Gracia de Cristo nos da la Salvación, pero en el proceso de santificación tenemos que crecer en Gracia. ¿Cómo es eso? Lo veremos ahora.

La Gracia de Cristo significa el perdón de todos nuestros pecados pasados y el derecho a ser perdonados en adelante. Sin embargo, como recipientes de dicha Gracia, no podemos quedarnos solo ahí y decir como muchos afirman que no tenemos que hacer nada porque no es así.

Cristo ya hizo su parte que fue la más difícil y consistió en pagar con su vida por nuestros pecados, pero ahora nosotros tenemos que someternos a Él y obedecerlo. Sin embargo El no nos deja solos en el proceso de santificación, sino que nos empodera para lograrlo.

La Gracia de Cristo estará siempre ahí para ayudarnos a vencer nuestras flaquezas y debilidades que no agradan a Dios y para prepararnos para una vida santa en el cielo. Dice en Hebreos 4:16 lo siguiente: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

Porque la Gracia es una fuente inagotable que viene de Dios pero a la cual tendremos que recurrir a diario. Tenemos que ir y buscarla o de lo contrario ella no nos alcanzará.

Es como cualquier fuente de agua a la que tienes que ir para calmar tu sed. Así mismo funciona la Gracia de Dios, y está hecha para que dependamos solo de Él.

Cómo Crecer en Gracia

La Gracia es el alimento espiritual nuestro pero solo por un día, así como nuestro pan cotidiano es el alimento para el cuerpo. No podemos comer un día para toda la semana, sino comer cada día solo para ese día.

Así mismo pasa con la Gracia, pero con una enorme ventaja, y es que cuando recurrimos diariamente en busca de esta, vamos siendo transformados en nuestra manera de pensar y de sentir, al tiempo que somos fortalecidos para enfrentar la adversidad y las tentaciones de satanás.

Esa Gracia es la que nos mantiene firmes en los caminos de Dios, y mientras más la buscamos más nos bendice. La Gracia de Cristo es nuestro sustento que nos da vida y nos mantiene fuertes para enfrentar estos tiempos difíciles y no sucumbir ante las trampas del enemigo.

Porque así como las ramas de un árbol necesitan de la savia que viene del interior del tronco para alimentarlas y mantenerlas vivas y fuertes, nosotros los cristianos necesitamos de Cristo para mantener viva nuestra espiritualidad y nuestra fructífera conexión con Dios.

Jesús lo dijo: «Separados de mí nada podéis hacer», Juan 15:5. Y es muy cierto. Es imposible para nosotros permanecer firmes en nuestro camino a la santidad si nos desconectamos de nuestro Salvador.

Pero si nos unimos al Señor, un solo espíritu formamos con El, (1 Corintios 6:17) siendo invencibles en todo (Romanos 8:37). Eso significa crecer en la Gracia de Cristo, que es la que nos identifica como seguidores suyos.

Es la que nos capacita para ser la luz del mundo y la esperanza en medio de tanta oscuridad. Es cuando crecemos en Gracia que en verdad puede decir el mundo que «somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, porque anunciamos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable», como dice en 1 Pedro 2:9.

Es esa Gracia la que nos define como verdaderos hijos de Dios y que podamos ser identificados como tal, pero además es la que nos protege de las garras de satanás.

Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la mejor manera de llevar el evangelio a todo rincón.

Deja un comentario

Trending

Descubre más desde Por qué seguir a Jesus. com

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo