
La Biblia dice que “cualquiera, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios”. Por qué? Lo analizaremos a continuación.
La Biblia es muy clara cuando dice en Santiago 4:4 que “cualquiera, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios”, porque no podemos ser del mundo y pertenecer al mismo tiempo a Dios. Eso es imposible.
Las costumbres del mundo son del diablo, y por supuesto que van en contra de Dios y sus principios. Y siendo lógicos sabemos que no puede haber compañerismo entre la justicia y la injusticia, ni comunión de la luz con las tinieblas, o del creyente con el incrédulo (2 Corintios 6:14).
O somos del mundo, o somos de Dios, porque si queremos seguir a Cristo es obvio que tenemos que renunciar definitivamente al mundo, porque es una exigencia suya como Él mismo lo afirma en Lucas 14:33 al expresar lo siguiente: “Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo, no puede ser mi discípulo”.
¿Y qué significa renunciar a todo? Esto hace referencia a todo lo que era nuestra vida pasada, nuestra vida en el mundo. Debemos cambiar de manera de vivir, dejando atrás las viejas actividades y costumbres en las que nos ocupábamos antes, viviendo ahora para la gloria de nuestro Salvador.
Ahora tenemos que vivir para Cristo, porque “si hemos resucitado con Cristo, a través del bautismo, debemos buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, no las de la tierra”, Colosenses 3:1-2.
Amigo Del Mundo, Enemigo De Dios
Muchos creen que no son amigos del mundo porque no fuman, no beben o carecen de algún vicio catalogado por la sociedad como tal, pero eso es un grave error, porque ser amigo del mundo es mucho más que eso.
Existen muchas cosas del mundo que pueden estar ocupando un tiempo precioso de nuestra existencia y que no alaban a Dios. Por ejemplo, cuánto tiempo estás dedicando a las redes sociales, a la televisión, el internet o cualquier clase de entretenimiento?
Qué clase de películas estás viendo y qué clase de música estás escuchando? Si por ejemplo dedicas hora y media o dos horas a ver una película donde solo se exhibe violencia, sexo, malas palabras, etc, es un tiempo perdido que en vez de edificarte te está alejando de Dios, simplemente porque el Espíritu Santo no puede estar donde se exhiben ese tipo de cosas.
Ademas no podemos hacer alianzas con el mundo y pretender que no nos dejaremos influenciar por él. No podemos vivir como el mundo, ni aceptar sus hábitos y costumbres, porque todo esto nos aleja de Dios. Tenemos que vivir en el mundo pero no podemos dejarnos absorber por Él, como Cristo lo hizo.
Si somos verdaderos cristianos debemos estar preparándonos para la eternidad y esas cosas no son precisamente las que nos preparan para ella. Ese tipo de actividades son un semillero para las obras infructuosas de la carne, porque de acuerdo a como alimentemos nuestra mente es como nos desenvolveremos con nuestros semejantes, y no es el amor de Dios lo que estas cosas nos enseñan.
Si seguimos la corriente del mundo, esto será lo que reforcemos en nosotros: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas”, porque es de estas cosas que el mundo se alimenta diariamente, y serán las mismas que llenaran nuestra vida si no nos alejamos del mundo.
Esas son las obras de la carne que según el apóstol Pablo, quienes practiquen estas cosas no heredarán el reino de los cielos, (Gálatas 5:19-21). Analízate interiormente y vé cuáles de las mencionadas están siendo parte de tu vida y corrígelas, porque ya ves que si persistes en ellas, no alcanzarás la Vida Eterna.
En 1 Juan 2:15-17, el apóstol también lo ratifica al espresar lo siguiente: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre».
La amistad con el mundo nos aleja de Dios
Si permitimos que las cosas mundanas entren a nuestra vida, entonces el Espíritu Santo se ofende, se molesta, se contrista y termina por abandonarnos por completo. El Espíritu Santo entra a morar en nosotros cuando decidimos ser cristianos, y Él quiere habitar permanentemente en nosotros, pero no puede permanecer si nosotros le abrimos la puerta al mundo, porque Él es celoso y no quiere compartirnos con nadie.
El nos demanda santidad y si somos amigos del mundo será imposible lograrlo. Dice el apóstol Pablo en Romanos 12:2 lo siguiente: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
Esto significa que debemos renovar nuestra manera de pensar a la manera de Dios, como nuevas criaturas que somos en Cristo Jesús, y poder comprender cuál sea su Voluntad para obedecerla, viviendo entonces para Él y solo para Él, si es que en verdad queremos alcanzar la eternidad.
Dios no quiere que seamos como el mundo, Dios quiere que nos transformemos, Dios quiere que seamos como Cristo, porque dice su Palabra que ninguna cosa inmunda entrará al cielo, y cualquier clase de pecado por insignificante que sea, será inmundo y rechazado por Él, ya que Dios nos exige santidad. El dijo: “Sed santos porque yo soy santo”, 1 Pedro 1:16.
De tal manera que si seguimos desperdiciando el tiempo en las cosas del mundo, estamos literalmente perdiendo poco a poco el cupo en el cielo, porque el amor al mundo, nos pone en desequilibrio total con el perfecto plan que Dios ha establecido para nustras vidas. Debemos reflexionar sobre esto.
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