
Muchos creen ser salvos repitiendo una oración, pero la Salvación es un proceso de santificación sin el que imposible será entrar al Cielo.
Las iglesias en la actualidad están atestadas de personas que se creen salvas sin serlo; asisten a la Iglesia los domingos, para escuchar a un pastor que mas que pastor es un motivador, hablándoles de todo lo que Cristo tiene que hacer por ellos, pero jamás mostrándoles la importancia del arrepentimiento, la conversión y la santidad para alcanzar la Vida Eterna.
¿Resultado? La sociedad en la que nos encontramos hoy. Pero no me refiero a la gente del mundo, sino a los que se hacen llamar cristianos, que llevan una vida frívola y sin temor de Dios. Sin embargo, esto ya estaba anunciado en la Biblia cuando dice en 2 Timoteo 3:1-5: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos.
Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”.
¿No es ese el vivo reflejo de lo que vemos en la actualidad? Pero lo interesante de todo esto, es que nosotros mismos nos sorprendemos cuando escuchamos las noticias diarias, sin darnos cuenta que todos somos parte de eso. Nos sorprendemos por lo que otros hacen, pero cuando la oportunidad tenemos, poco nos cuesta aprovecharnos del hermano de una manera o de otra.
Sin embargo, esto no es lo grave, porque tanto tú como yo, y el resto del mundo entramos en uno o en varios de los mencionados arriba, gracias a nuestra naturaleza pecaminosa. Lo grave es que llamándonos cristianos, habiendo recibido la Gracia de la Salvación por el sacrificio de Jesús permanezcamos en ese punto sin ser transformados, diciendo ser cristianos, pero viviendo igual que los no lo son, (Efesios 4:17-19).
La Biblia dice que la Salvación es por gracia, no por obras, y por supuesto que es verdad, pero qué significa esto? ¿Significará acaso que por el sacrificio de Jesús y repetir una oración, ya tenemos el Cielo ganado? Rotundamente, no. En Hechos 3:19 dice lo siguiente: Arrepiéntanse y conviértanse, para que sean borrados sus pecados”. Está bastante claro.
La Salvación implica arrepentimiento y cambio de vida, dejando el pecado atrás, para que nuestros pecados pasados sean borrados, abriéndonos la puerta del trono de la Gracia para arrepentimiento de pecados futuros, pero no intencionales, porque el Señor pesa los corazones, y conoce muy a fondo nuestras intenciones.
No podemos seguir pecando intencionalmente creyendo que al hacerlo, Dios de todas formas nos perdonará (Hebreos 10:26-31). Cuidado, no subestimes a Dios. Él no es tonto, Dios castiga, y cuando se trata de castigar muy bien que lo hace. Para comprobarlo, lee Ezequiel 6:11-14.
La Salvación Es un Proceso de Santificación o Transformación
La palabra transformación significa un cambio rotundo sin volver atrás. Es literalmente, una metamorfosis. Veamos por ejemplo el proceso de transformación o metamorfosis de la mariposa, que comprende cuatro fases y son: el huevo, la oruga, la crisálida y finalmente la mariposa.
Una vez el huevo se ha convertido en mariposa, es obvio que no volverá a ser huevo, porque ha logrado un punto de perfeccionamiento del cual es imposible regresar.
En eso mismo consiste el proceso de transformación espiritual del cristiano. La Salvación es un proceso de transformación espiritual sin el cual nadie logrará la Vida Eterna y por eso es que Cristo dijo en Mateo 24:13, que “solo el que persevere hasta el fin será salvo”.
La Salvación es un proceso, que como todo proceso, puede llegar a perderse (Apocalipsis 3:5). Es un proceso de transformación que para lograrse, necesita de toda nuestra disposición para alcanzarlo. La clave está en el arrepentimiento y veamos cómo define Wikipedia, la palabra arrepentimiento en términos cristianos:
“Arrepentimiento es dejar de pecar, es rechazar la maldad, para volverse al camino de Dios y guardar sus mandamientos, alejarse de la maldad y la mentira, hacia la santidad y la verdad. Implica volverse del camino del pecado para guardar los mandamientos y enseñanzas de Jesucristo, en el evangelio o Nuevo Pacto«.
Es por eso que debemos cambiar de costumbres, para adaptarnos a nuestra nueva vida en Cristo. No podemos ver lo que antes veíamos, ni podemos escuchar lo que antes hacíamos, tampoco podemos hablar como antes (Efesios 4:29). En una palabra hay que dejar los placeres del mundo, para dedicarnos más a Dios y a llevar el mensaje de Salvación a otros.
Debemos mantenernos firmes en la obediencia y la fe, porque al fin al cabo, lo único que Dios tendrá en cuenta es lo último que hagamos, de tal manera que si fuiste muy bueno durante toda tu vida, pero el día que regrese el Señor o te sorprenda la muerte, estás en pecado pierdes y viceversa. Lo dice en Ezequiel 33:12-15 :
La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare.
Cuando yo dijere al justo: De cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo. Y cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá ciertamente y no morirá”.
Es por eso que como cristianos debemos acercarnos diariamente al trono de la Gracia para buscar el perdón de nuestros pecados, si es que de algún modo hemos ofendido a Dios en ese día con alguno de nuestros actos y pedir al Espíritu Santo de Dios que nos ayude a superar aquellas cosas que nos cuesta tanto dejar y que no le agradan a Él.
Así pues concluímos que sin transformación y conversión, tampoco hay Salvación.
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