
Existe gran polémica entre muchos cristianos acerca de si se pierde la Salvación una vez recibida o no. Lo veremos a la luz de la Palabra.
Todos sabemos que la Salvación es un inmerecido regalo de Dios, de eso no cabe ninguna duda, porque lo dice la Palabra de Dios y porque es verdad. Al ser un regalo significa que no hemos hecho ni podríamos hacer nada para merecerla.
Jesucristo vino al mundo y murió por toda la humanidad, teniendo muy presente que todos somos pecadores y que merecíamos morir como castigo por el pecado. Esto significa que la Vida Eterna es un regalo para todos o para cualquiera porque Dios no hace acepción de personas.
Sin embargo, como todo regalo cada quien decide si aceptarlo o no, si recibirlo o renunciar a él. Eso quiere decir que quien decide aceptar dicho regalo debe someterse a unas condiciones específicas que demanda Dios, y son los requisitos para ser salvo.
Es importante aclarar que no por el hecho de que la Salvación sea un regalo, no tengamos que hacer nada para recibirla. No es así como funciona aunque muchos quieran hacerlo ver de esa manera.
Veamos un sencillo ejemplo: Imagina por un momento que aparece un abogado en tu vida diciéndote que la Reina Isabel de Inglaterra quiere adoptarte como hijo o hija. ¿Por qué? Simplemente por capricho, porque sí. Eso es algo inmerecido, porque tú no has hecho nada para que a la doña le dé por adoptarte.
Ahora bien, el regalo está ahí, y vaya regalo!!, pero aunque está ahí aun no es tuyo porque tú no has firmado diciendo que sí aceptas. Si no firmas, aunque tienes el ofrecimiento, no vas a tener los derechos que como hijo de la Reina conlleva.
Pero como podrás comprender para asumir ese regalo y convertirte en parte de la familia Real hay unos compromisos y condiciones que tendrás que asumir. No creas que vas a poder seguir haciendo lo que haces hasta ahora. Tendrás que cambiar completamente de costumbres, amigos y hasta de forma de vestir.
Tendrás que cambiar de modales y de manera de hablar, y no creas que algún día podrás levantarte tarde o hacer lo que quieras, porque tu vida ya entra en un estricto itinerario, dado que estas personas ya tienen toda su vida planeada, haciendo obras de caridad y asuntos importantes todo el tiempo.
De tal manera que por el hecho de pertenecer a la familia Real, ya pierdes por completo la libertad de hacer lo que quieras, ni nada de lo que hacías antes, porque es una nueva vida y al aceptarla significa que tienes que renunciar a tu vida pasada. Debes entonces pensar si vale la pena renunciar a todo lo anterior, por esa nueva vida.
Lo mismo pasa con Dios. Aceptar el regalo de la Vida Eterna es asumir que entramos a pertenecer a la familia de Dios, porque es Él quien nos adopta como hijos, te acuerdas? Lo dice la Biblia en Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”, y como hijos de Dios debemos también comenzar a actuar como tal, asumiendo la responsabilidad que esto trae consigo, sometiéndonos a la autoridad de Cristo.
Ser cristiano significa convertirse a Cristo, significa convertirse en una nueva criatura, totalmente transformada, significa ser una persona nueva en todo el sentido de la palabra (2 Corintios 5:17).
Se Pierde la Salvación
Es por eso que a la pregunta de si se pierde la Salvación o no, yo más bien creo que la Salvación se asume o no se asume, se acepta o se rechaza, sin embargo, nadie obtiene la Vida Eterna por repetir una oración invitando a Jesús a entrar en el corazón como lo enseñan en las cuasiglesias modernas.
Esa no es más que la fórmula de charlatanes que se hacen pasar por pastores, y que son bien aceptadas por la gente del mundo. Jesucristo por supuesto no entra en el corazón de pecadores. Jesucristo es Dios, es el Señor de todo en el cielo y en la tierra. ¿Crees tú que siendo Dios va andar mendigando entrar en la vida de las personas pecadoras? Eso no tiene ningún sentido. Es lo más absurdo que puede haber.
No es Jesucristo quien viene a mí, porque Él ya hizo su parte al morir por nosotros, ahora somos nosotros quienes lo buscamos, lo aceptamos como dueño y Señor de nuestra vida, sometiéndonos a su autoridad y cumpliendo sus mandamientos. Esto implica que ya no podemos vivir a nuestro modo, sino que nos debemos a Él, como nuestro Amo y Señor, porque la salvación es un proceso de santificación sin la cual nadie verá a Dios.
Implica que a partir de ese momento debemos vivir para Él, arrepintiéndonos de nuestros pecados, y estar dispuestos a obedecerlo ciegamente y a dejar el pecado atrás. Es así de simple, no de otra manera. Es renunciar a todo (las viejas y malas costumbres) por Él, como Él mismo lo dice en Lucas 14:33 “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.
Ahora bien, una vez convencidos de que queremos seguir a Cristo, de que creemos en Él, nos sometemos a su Voluntad y vivimos en obediencia a sus preceptos. Porque como dice en Hebreos 5:9 acerca de Cristo «Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen», lo que por supuesto deja por fuera a quienes no lo hacen. Comienza entonces el proceso de santificación que solamente termina con el regreso del Señor (Mateo 24:13), cuando presentaremos nuestra prueba final.
La Salvación es un proceso que implica un cambio radical de vida y un convencimiento pleno de que Jesucristo es el Señor, el Salvador, la única fuente que puede salvar nuestra vida. Ante esa convicción no nos queda más remedio que aferrarnos ciegamente a Él sin mirar atrás, y créeme que cuando estamos plenamente convencidos de esto, nada nos hará retroceder. Eso significa ser cristiano y en este sentido es que yo creo que la Salvación no se pierde ni se gana, sino que se asume o se rechaza. Es así de simple.
Sin embargo, si despues de haber estado convencidos de ello y conocer las maravillas de la verdad de Cristo, asi sea por mucho o por poco tiempo, y de pronto decidimos que ya no queremos mas seguir a Cristo y volvemos al mundo, o decidimos unirnos a una religión que no sigue los principios bíblicos, es obvio que la Salvación sí se pierde.
En el libro de Ezequiel 33:12 dice el Señor: «La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare, es decir, que no podrá vivir por su justicia el día que pecare. Cuando yo dijere al justo, de cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo». (Ver también Hebreos 10:26-31).
Es por eso que Cristo dijo que solo el que persevere hasta el fin, será salvo, Mateo 24:13, agragando en Apocalipsis 3:5 que «El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles». Son palabras de Jesús.
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