Para poder ir al cielo tenemos que establecer una relación con Dios. ¿Pero cómo lograrlo? Lo veremos ahora.
Creo que todos los que creemos en Dios, queremos ir al cielo. Pero así como a nosotros no nos gusta invitar a desconocidos a nuestra casa, tampoco le gusta a Dios. Eso significa que de la única manera que Dios nos aceptaría allá, es si tuviéramos una relación con Él. Porque no podemos pretender vivir con Cristo en el cielo, si jamás nos hemos esforzado por vivir con Él aquí en la tierra.
Cómo Establecer una Relación con Dios
Jesús dijo: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado», Juan 17:3. Como vemos, aquí Jesús nos da la primera clave para establecer una relación con Dios, para poder conocerlo.
¿Y qué tenemos que hacer para conocer a Dios? Dado que a Dios no lo podemos tener frente a nosotros para conversar con Él, sí tenemos el manual de instrucciones que nos ha dejado para conocerlo; un manual llamado la Santa Biblia.
Es a través de las palabras escritas en ese libro, y que fueron inspiradas por el mismo Dios Viviente a quien decimos seguir, que podemos conocer íntimamente a Dios. Porque aunque Dios nos habla de muchas maneras, la más efectiva y común de hablarnos es a través de las Sagradas Escrituras.
¿Y cómo le respondemos nosotros a Dios? A través de la oración diaria y ferviente, pero además, teniéndolo en cuenta para todo en nuestra vida. Pidiendo su dirección y consejo, y sometiéndonos a su Santa Voluntad. Esa es la única forma en la que podemos experimentar el amor de Dios, de una manera vivencial y real.
Sintiendo literalmente Su Presencia en nuestra vida; Su compañía en los momentos de soledad; Su consejo, en los momentos de confusión; Su guía para tomar decisiones sabias, y su consuelo en los momentos de desesperación.
Cuando nos relacionamos así con Dios, se establece una relación íntima y profunda de amistad, de amor y de estrecha conexión, que puede transformar por completo nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir. Porque al contemplar a Jesús diariamente a través de su Palabra, es como llegamos a ser verdaderamente semejantes a Él.
Dejamos atrás el viejo hombre y nos convertimos en nuevas criaturas según Dios. Como lo dice el apóstol Pablo: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas», 2 Corintios 5:17.
Y es verdad, porque si no se generan cambios en nuestra vida, es porque en realidad no somos cristianos, y no conocemos a Dios, por no tener una estrecha relación con Él. Y de esa manera, jamás seremos aceptados en el cielo.
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