
Dios nunca ha estado en contra de las riquezas, lo que Dios no tolera es la codicia que suele ser el resultado de ellas.
Dios jamás ha estado en contra de las riquezas porque si así fuera, en la Creación no le hubiera dado a Adán el completo dominio sobre la tierra como lo dice en Génesis 1:27-28: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.
Como vemos Dios no les dio un pedacito de tierra, Dios les dio todo. Ellos eran prácticamente los dueños porque Él les dio completa autoridad sobre toda la Creación y tenían la bendición de Dios que es la que enriquece y no añade tristeza con ella como lo dice la Biblia en Proverbios 10:22. (Si quieres saber la magnitud de lo que poseían léete el Capitulo 2 de Génesis). Después de bendecirlos les dijo que fueran prósperos, que fructificaran y se multiplicaran.
Me parece que estos no son deseos de pobreza ni de ruina. Sin embargo, qué pasó luego? Que a nuestro brillante Adán le dio por querer ser como Dios. Él no se conformó con ser el dueño del mundo, del resto de la Creación, sino que él quería ser como Dios y gracias a esa genial idea lo perdió todo, fueron expulsados del jardín del Edén, y Dios maldijo la tierra, lo que trajo como consecuencia todos los males que vivimos hoy.
El problema no son las posesiones, el problema es la codicia que lleva a males mayores. En 1 Timoteo 6:10 dice: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe”. Eso es lo que no tolera Dios, la actitud que tengamos hacia el dinero, pero no el dinero en sí.
De hecho Dios bendijo con grandes riquezas a muchos hombres de la Biblia como por ejemplo a Abraham, (“riquísimo en ganado, en plata y oro”, Génesis 13:2), Isaac (“se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso. Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza”, Génesis 26:12-14), David (“Y murió en buena vejez, lleno de días, riquezas y gloria”, 1 Crónicas 29:28), Salomón (1 Reyes 10:14-29), solo por mencionar algunos.
¿Pero por qué estas personas fueron tan bendecidas por Dios? Todos tenían un denominador común: Amaban al Señor y se sometían a su Voluntad. Las riquezas para ellos no eran más que la consecuencia necesaria de su actitud hacia Dios. A ellos no les importaba el dinero, a ellos les importaba agradar a Dios, y Dios los honraba con grandes riquezas, porque Dios honra a lo que le honran.
Está Dios En Contra De Las Riquezas
No, Dios no está en contra de las riquezas. Dios es el dueño del oro y de la plata (Hageo 2:8), por lo tanto no puede estar en contra de las riquezas y si nosotros somos sus hijos, merecemos también de esa herencia, porque Él quiere darnos lo mejor. El punto es que para muchos es bien difícil mantener el equilibrio, porque como dicen por ahí el dinero da poder y el poder en muchos casos nos hace olvidar quienes somos.
El joven rico
La Biblia narra en Mateo 19:16-26, la historia de un joven rico que se encuentra con Jesús y le pregunta que ha de hacer para obtener la vida eterna. Jesús le responde que debe guardar los mandamientos a lo que el joven responde que ya lo hace. Pero entonces Jesús agrega: “anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”.
Pero luego dice que el muchacho se fue muy triste porque tenía muchas posesiones. Eso da a entender que el joven no lo hizo. ¿Pero por qué Jesucristo le pidió eso? ¿Es que acaso es un pecado ser rico? No, para nada. Él lo hizo para probar su corazón y ver que tan dispuesto estaría a renunciar a todo por seguirlo. Es obvio que el joven no quería someterse a Dios. Él solo quería los beneficios de Dios y con eso demostró que eran más importantes sus bienes que Dios.
Este joven quería a Dios como su siervo, pero no como su Señor. Tal vez si el joven hubiera accedido, Dios le hubiera dado más de lo que ya tenía. Pero ese es además el mismo problema que vemos hoy en muchos que se dicen cristianos, que quieren la salvación pero que no quieren someterse a Dios.
En conclusión podemos decir que Dios no está en contra de las riquezas, de hecho Él siempre quiere bendecirnos con lo mejor como lo dice en Deuteronomio 28, somos nosotros los que con nuestra mala actitud nos perdemos sus bendiciones.
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