El pecado y la Ley
El pecado y la Ley
El pecado y la Ley de Dios van de la mano, porque el pecado es la transgresión de la Ley y la Ley es la que determina donde existe el pecado.  A continuación veremos cómo se relacionan y su importancia.
El pecado es la transgresión de la Ley de Dios o los Diez Mandamientos dados por Dios al hombre como respuesta a la maldad de la humanidad, maldad que se propagó por toda la tierra después de la expulsión de este del Jardín  del Edén.
El pecado y la Ley
Pecar es infringir la Ley de Dios, Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”, (1 Juan 3:4) e infringir la Ley trae consecuencias. Sin embargo, en la actualidad la gente conoce poco o nada acerca del asunto. Ahora bien, ¿cuál es la Ley de Dios? La Ley de Dios se clasifica en 10 normas o mandamientos que son los siguientes;
Los Diez Mandamientos  de la Ley de Dios
  1. Amarás a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente;
  2. No te harás imagen de ninguna cosa en el cielo ni en la tierra, no te inclinarás a ella  ni las adorarás;
  3. No pronunciarás el nombre de Dios en vano;
  4. Guardarás el día de reposo para honrar a Dios;
  5. Honrarás a tu padre y a tu madre;
  6. No matarás;
  7. No robarás;
  8. No cometerás adulterio, ni cometerás inmoralidad sexual;
  9. No darás falso testimonio, ni mentirás;
  10. No desearás la mujer de tu prójimo, ni ninguno de sus bienes. No codiciarás.
La importancia de la Ley
La ley es necesaria porque nos confronta y nos muestra  nuestro pecado, pecado que ofende a Dios y que atesora castigo para el día del juicio. La Ley es la que nos permite reconocer nuestra culpa, nuestro pecado y arrepentirnos para recibir la Gracia de Dios y ser perdonados.
El Apóstol Pablo dice en Romanos 7:7 lo siguiente: “yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciaras”.
Solo cuando conocemos el pecado a través de la Ley, es que podemos comprender la necesidad de ser salvados y evitar la ira de Dios el día del juicio. Es ahí cuando viene el arrepentimiento, pero debemos además entregar nuestra vida completa a Jesús, sometiéndonos a su Voluntad y aceptando por fe su sacrificio en la cruz para redención de pecados, al pagar las culpas por mí, y su resurrección para darme la Vida Eterna.
Es por eso que el pecado y la Ley van de la mano, y es la Ley la que nos mantiene firmes para evitar el pecado. Por eso el Señor dijo en Josué 1:8 lo siguiente:
“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien».
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